¿Basura o desguace? El Peugeot enterrado en Villa María

La postal en la calle Liniers al 1100, en pleno corazón del barrio Villa María, roza lo surrealista y expone una crisis de civismo que desborda los límites de la higiene pública. En un terreno baldío de la zona, lo que comenzó como un microbasural derivó en una escena inaudita: un Peugeot 405 abandonado que, lejos de ser removido por las autoridades o sus dueños, terminó convertido en la base de una montaña de desperdicios. Los vecinos que transitan la cuadra no salen de su asombro ante la acumulación de basurales urbanos que ahora incluyen vehículos como parte del mobiliario de descarte.
El cronograma oficial indicaba que el servicio de recolección de residuos voluminosos debía pasar por el sector precisamente durante la jornada de hoy. Sin embargo, la tarea de limpieza del terreno baldío colindante tomó un giro inesperado. En lugar de despejar el área, quienes realizaron el movimiento de suelo y limpieza arrojaron toda la mugre directamente sobre la carrocería del auto. El grado de deterioro del rodado es total, pero su presencia bajo una capa de ramas, plástico y tierra plantea un interrogante logístico y ambiental: ¿se está intentando descartar un vehículo entero como si fuera simple basura domiciliaria?
A pesar de los intentos de contactar a los residentes de las viviendas linderas para esclarecer el origen del coche o la autoría de la descarga, el silencio fue la única respuesta. El vehículo, un modelo clásico que alguna vez fue insignia de confort, hoy es un foco de infección y un obstáculo insalvable para el mantenimiento de la vía pública. La situación ha escalado al punto de la desidia absoluta, donde el auto abandonado ya no es solo chatarra, sino el contenedor de una montaña de desechos que nadie reclama.
Hasta el momento, las consultas realizadas a los responsables del área de servicios públicos, específicamente a la gestión de Jasper, no han tenido eco. La incertidumbre crece entre los frentistas que ven cómo un operativo de limpieza estándar se transformó en el “colmo” de la gestión de residuos: enterrar un Peugeot 405 bajo los restos de poda de un baldío.



