El museo Gregorio Álvarez se convirtió en el baño de personas que viven en la calle

El Museo Gregorio Álvarez es, en teoría, un patrimonio histórico recuperada de la época ferroviaria. Pero hoy, para acercarse, hay que taparse la nariz. El entorno del edificio se ha convertido en un baño público a cielo abierto para quienes la ciudad ha dejado fuera del sistema.
“Es insoportable”, destacó Rigo Castaño. Los trabajadores del museo libran una batalla perdida contra la materia fecal humana que aparece cada mañana. No es negligencia del personal —que limpia sin descanso— sino la consecuencia inevitable de un Parque Central que alberga a personas sin acceso a baños, agua o un techo digno.
El contraste es doloroso. Por un lado, la arquitectura industrial que narra el progreso de Neuquén; por el otro, el olor repulsivo que expulsa a los turistas y locales.
No se trata de estigmatizar a quien duerme en la calle, sino de mostrar la ausencia de políticas públicas que garanticen condiciones mínimas de higiene urbana y humana.
Si no hay baños públicos ni refugios suficientes, el patrimonio se convierte en el único refugio y el resultado es una crisis sanitaria que afecta a todos.
Museo Gregorio Álvarez
El Museo Gregorio Álvarez pertenece se creó un 20 de diciembre del año 1986, sobre las bases de un edificio de estilo inglés construido en 1901 en donde funcionaba el galpón de máquinas de la Compañía Ferrocarril del Sud.
Antiguamente funcionaba como predio ferroviario. En la actualidad conserva su fachada original en el Parque Central y lleva el nombre de Gregorio Álvarez: escritor, poeta, profesor académico y médico, quien también se dedicó a indagar y difundir sobre la historia e identidad de la Provincia del Neuquén.
El Museo Gregorio Álvarez fue declarado Monumento Histórico Provincial en 1986 y Monumento Histórico Municipal en 1993. Desde sus inicios resguarda patrimonio arqueológico y antropológico que da cuenta de las diversas culturas que habitaron nuestro territorio.